¿ATRAVESAR LAS FASES DEL DUELO EN RUPTURAS DE PAREJA?

Seguramente, gran parte de los que estéis leyendo este post sabréis lo que es haber sufrido por amor o haber tenido mal de amores. Los que no conozcan esta sensación puede ser que aun sean demasiado jóvenes para amar o sean adultos que han bloqueado ese sentimiento por no atreverse a amar.

¿ATRAVESAR LAS FASES DEL DUELO EN RUPTURAS DE PAREJA?


Cuando hablamos de desamor solemos hacer referencia a una ruptura de la pareja. En la mayoría de los casos suele darse de forma unilateral, es decir, es un miembro de la pareja el que toma la decisión de finalizar la relación mientras que el otro aun quiere mantenerla. Son menores los procesos de decisión bilateral, los dos miembros de la pareja están de acuerdo en ponerle fin.


En ambas situaciones el proceso es doloroso, pero son los casos unilaterales los que presentan mayores disfunciones emocionales y físicas.  Por una parte un miembro experimenta sensación de abandono mientras que la otra persona experimenta culpa. Además es posible que a ambos les invada un sentimiento de fracaso


Como comentábamos, una ruptura sentimental conlleva disfunciones emocionales y físicas y es que las personas pueden vivir el desamor como uno de los acontecimientos más estresantes de su vida. Seguramente os ha pasado o conocéis a alguien que tras una ruptura de pareja tenga falta de apetito, insomnio, sufra pérdida o aumento de peso o notéis algún cambio significativo. Estas disfunciones físicas son consecuencia de la presencia de emociones negativas en la persona  como estrés, ansiedad, ira o tristeza. En estos casos es inevitable experimentar este tipo de emociones y estarán presentes en las diversas fases del duelo que la persona deberá atravesar para poder aceptar la nueva situación.

Una ruptura sentimental supone una pérdida para la persona. Y en toda pérdida es normal y necesario atravesar las distintas etapas del duelo. En estos casos, el duelo no es debido al fallecimiento de la persona, pero si es una pérdida, que no solo engloba  a la persona  amada, sino también a las actividades, tradiciones, sueños e ilusiones que compartían (vivienda, gastos, amigos, hijos, etc). Es un proceso de adaptación o ajuste a esa nueva realidad que tenemos cuando sufrimos una perdida emocional en nuestras vidas.


Las fases del duelo en una ruptura de pareja son:


    Negación: Es la fase inicial. La persona no puede creer que le esté pasando a ella. No acepta que la relación ha terminado. Puede sentir que la ruptura no es real. Hay personas se estancan en esta fase y suplican a sus ex parejas retomar la relación.


    Ira/Rabia: Aparece un enfado con el mundo que nace de sentirse herido. Hay una búsqueda de culpables y  una revisión de la relación. Esta emoción va acompañada de conductas agresivas con el entorno, desesperación. En algunos casos se manifiesta una ira destructiva con el propósito de venganza  (utilización de hijos, chantaje, etc.). Si se sigue experimentando rabia con el paso del tiempo, será un indicador de que aún hay un vínculo emocional con la expareja.


    Negociación: La  persona comienza una negociación consigo mismo, con su entorno. Es la hora de negociar con la realidad y con el dolor que experimenta tras la ruptura. El deseo o la ilusión es volver al tipo de vida de antes, donde los pensamientos giran en torno a qué se podría haber hecho para que la situación que se está viviendo no se produjese, y así evitar nuestro dolor. Se podría decir que esta fase es un mecanismo de defensa para evitar lo inaceptable.


    Tristeza/Depresión: En esta fase hay una concienciación de que la pérdida es real, la relación ha finalizado. Se intensifica el llanto, hay falta de apetito por lo que la persona adelgaza, está debilitada. Surgen sentimientos de tristeza, vacío,  soledad, dolor emocional. No se ve sentido a la vida sin esa persona. Se genera un miedo a no superar nunca la ruptura, a quedar “marcado” en futuras relaciones o a no volver a experimentar nunca más el amor.


    Aceptación: En esta etapa se empieza a aceptar la realidad, se aprende a convivir con esa pérdida. Nuestros pensamientos y conductas se adaptan a la vida cotidiana. El individuo empieza a visualizar sus metas, deseos, expectativas y se plantea objetivos orientados hacia su futuro. Empieza a sacar fuerza y motivación lo que le lleva a una dirección adecuada. La vida va cobrando sentido sin la otra persona y se va adoptando una actitud positiva. 


 


Es importante llegar a la última fase, la aceptación, antes de iniciar otra relación sentimental. De esta forma se generará una relación de pareja sana, fuerte  y con ilusión. Se habrá aceptado el final de la anterior, no quedará vínculo emocional dañino, y podrá comenzar una nueva etapa.